En mi adolescencia, contando con tiempo diario de libre disposición, solía escribir en un blog o en un cuaderno y lo usaba para ordenar y desarrollar ideas. Con el paso de los años y las nuevas responsabilidades fui perdiendo el hábito, aunque nunca he dejado de usar el bolígrafo para anotar ideas y esquematizar o desglosar tareas más complejas (curioso siendo programador!). Ya sea un pensamiento antes de dormir o un tarea a realizar en el trabajo tengo el cuaderno siempre a mano.
Sin embargo, no es lo mismo que abrir una página en blanco y escribir, tachar y reintentar hasta que queda plasmada la intención original, que no la idea, por lo que he aprovechado este espacio llamado personal para hacer justo eso, plasmar ideas sobre diferentes temas y soltar lastre.
Como ver una foto de uno mismo décadas después de haberla perdido, leer algo que uno mismo escribió nos transporta a un lugar lejano tanto del tiempo como del espacio, del mundo externo como interno, y creo que realmente nos enseña a percibirnos como seres cuyo estado natural es el cambio y no una foto fija. No escribiríamos lo mismo en dos días diferentes, por ello tiene valor y no deberíamos eliminar esas imágenes del pasado, sino archivarlas para el futuro.
Por ello, inaugurada esta sección y cierro con la afirmación de que todos estos pensamientos son puramente míos, sin intervención de ninguna IA. Lo interesante está en la imperfección, sesgo propio y temporalidad absoluta del escrito.